La asignación de $100.000 millones a la flamante Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) en materia de fondos reservados desató la pelea por el control de los organismos dedicados al espionaje.
A partir de esa ampliación de las partidas presupuestarias, todas los cañones apuntaron sobre el Congreso, puntualmente en la estratégica Comisión Bicameral de Seguimiento de los Organismos de Seguridad e Inteligencia, que a ocho meses de la asunción de Javier Milei aun no está conformada.
Se trata del único órgano con potestad de monitorear los gastos reservados de la SIDE, encabezada hoy por el ex tesorero del Consejo Escolar de Malvinas Argentinas, Sergio Neiffert, pero manejada realmente por el mandamás asesor presidencial Santiago Caputo alias «Caputito». En La Libertad Avanza tienen un obstáculo en su debilidad legislativa: la titularidad de la bicameral, por reglamento, le corresponde a un integrante de la Cámara alta, pero no hay senadores libertarios que vayan a integrar la comisión, únicamente solo diputados.
Ese lugar está disputado por el dirigente misionero del PRO, Martín Goerling, y el traidor entrerriano Gustavo Kueider, un aliado clave del Gobierno en el Senado. El principal impulsor de la candidatura de Kueider es ni más ni menos que «Caputito». Ambos generaron lazos en el último tiempo a partir del acompañamiento del senador del PJ a la ley Bases. Como recompensa a su voto afirmativo, Kueider logró colocar a un hombre de su confianza al frente de la conducción de la represa de Salto Grande. Se rumorea su paso a las filas libertarias de cara a las próximas elecciones de medio tiempo.
Sin embargo, puertas adentro de La Libertad Avanza no hay consenso y mete presión a la guerra desatada que por estas horas entre la vicepresidenta Victoria Villarruel con Karina Milei. «Muy peronista», deslizan cerca de la titular del Senado en referencia al Kueider. ¿Hubo un acuerdo entre el macrismo y Villarruel para que sea Goerling quien comande la Comisión de Inteligencia?
En el libertarianismo están muy interesados en que la bicameral cuente con una mayoría de legisladores afines que pudiera llegar a frenar cualquier investigación de negociados. Por este motivo, la semana pasada, el presidente de la Cámara baja, Martín Menem, tomó una fuerte decisisón: le quitó el lugar que le había prometido a Emilio Monzó para dárselo a un diputado libertario, una actitud que explotó los puentes construidos con el bloque de Hacemos Coalición Federal, comandado por Miguel Ángel Pichetto. En la mesa chica del Presidente no cayó bien la ausencia del diputado al Pacto de Mayo en Tucumán. «Sabían que era un evento importante para el Gobierno y aún así no fueron», deslizan, con cierto enojo.
Pocos días antes del lanzamiento del nuevo organigrama de la SIDE, desde la Casa Rosada le bajaron la orden a Menem para que acelerase la conformación de la Comisión de Inteligencia, que cuenta con algunas peculiaridades: sus miembros sesionan en secreto, en una oficina del quinto piso del edificio anexo del Senado, donde reciben a los agentes y estudian la documentación enviada por diversos funcionarios.
«Es grave que se haya resuelto una reforma de la AFI por DNU», alertó, el siempre atentos a estas cuestiones, Leopoldo Moreau. La oposición considera que La Libertad Avanza tendría que haber enviado un proyecto de ley para ser debatido en el Congreso debido a que la AFI fue creada en marzo de 2015 con la promulgación de la Ley de Inteligencia Nacional (N° 25 520), que disolvió la otrora Secretaría de Inteligencia (SI).
